Reflexión

Era noche avanzada, próxima a la madrugada, pero aquello no era suficiente para que la ciudad durmiera. Los comercios alumbraban desde sus bloques de edificios con aquellos escaparates permanentemente encendidos, en una suerte de local fantasma que debía aparentar vida incluso en sus momentos de inactividad. Las carreteras vacías eran transitadas ocasionalmente por dos focos deslumbrantes acompañados de un rugido que rompían el silencio en las zonas donde la música de fiesta . Incluso el paseo del río, ligeramente apartado del hormigón y el asfalto, quedaba iluminado por la luz de unas farolas que no podían permitir que la ribera desierta no tuviera visibilidad. Una visibilidad que una figura solitaria agradecía.

-Cas...

-No.

-Cassilda.

-He dicho que no.

-Tenemos que hablar.

-No quiero. Y ahora, cállate de una vez.

-Sé que te está reconcomiendo la conc...

-HE DICHO QUE TE CALLES.

Se hizo el silencio. Aquella voz grave que parecía venir de una mano quedó cortada. La figura se detuvo.

-Perdóname... No debería haberte gritado... No sé qué me está pasando. Es sólo... -si alguien más hubiera estado allí, hubiera podido apreciar cómo un color carmesí empezaba a asomarse a aquellos ojos-. Es sólo que ha sido una noche muy larga, ¿vale?

-¿Y no crees que ha sido tan larga porque ya traías algo ocupando tu cabeza?

-Yo... Yo no quería. No quería, Robert, de verdad. Pero estaba... es difícil acostumbrarse a esto, ¿vale?

No hubo respuesta.

-Tenía hambre, ¿vale? Aquella noche empezó con... empezó con... empezó con Marta cortándose y cuando... -unas perlas rojizas empezaron a caer desde los ojos de la muchacha- cuando olí la sangre, después de despertar hambrienta... sólo pude pensar en una cosa.

Cassilda rompió a llorar,

-Cuando aquellos hombres... eran hombres malos, ¿vale? Se lo merecían. Querían matarnos. Eran ellos o nosotres. Eran ellos o nosotres. Además. ¿Tú me has visto? No tengo fuerza. No sé disparar una pistola ni usar una navaja. Si me hubieran...

-Cassilda. Eres inmortal. A menos que hubieran sabido lo que hacían, no te hubieran provocado más que unas molestias.

-¡Pero quería ser útil! ¡No quería que me pasara nada a mí ni a mis compañeres! Así que hice... hice lo único que se me ocurrió.

-Lo sé. Pero quiero que seas consciente de que no todo el mundo tiene tu suerte. Estás por encima de ellos y...

-Sí, sí, tío Ben. Un gran poder conlleva una gran... ¿cómo era? ¿Fuerza? Bueno, no importa. Prometo que intentaré contenerme en el futuro. Sólo se repetirá algo así cuando sea estrictamente necesario. 

La figura retomó la marcha. Aún quedaba para el amanecer, pero después de llegar al territorio de caza, aún tendría que volver a su refugio, y no podía demorarse. Con todo, al cruzar el puente se dio el lujo de detenerse un momento. La luna hacía escasos días que había superado su plenitud y aún podía apreciarse casi una totalidad de círculo blanco, tanto en el manto nocturno, como en el reflejo del río. Cassilda, siempre con la compañía de Robert, se sentó un momento sobre el puente. Sobre aquella corriente de agua, lentamente llevando todo por delante, mientras el reflejo de la luna permanecía inmutable en su sitio.

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