Cuarta pared: retrospectiva de un debut actoral

Últimamente estoy volviendo a escuchar rap de mi adolescencia. Está siendo una experiencia curiosa, porque Nach, el Chojin o ZPU fueron importantísimos en mi adolescencia, pero escuchar canciones suyas recientes es, en el mejor de los casos, triste. Supongo que al final las críticas a cómo te cambia la fama venían más de no haber recibido ofertas para hacer publicidad a casas de apuestas que por una conciencia arraigada. Y es una auténtica lástima, porque fueron gente clave para mi politización, y es algo que estoy viendo a raíz de esta retrospectiva. Porque por supuesto, sólo estoy escuchando música antigua... La nueva es tibia en el mejor de los casos.

Hay una canción en particular, concretamente de Nach, llamada Los dos lados del telón. Es una canción que habla sobre las diversas emociones que te recorren antes de salir a actuar, y después de salir. No recuerdo muy bien si me gustó cuando la escuché en su momento, pero dado que no es una canción que recordase demasiado... imagino que no me dijeses gran cosa. No obstante, los tiempos cambian.

Creo que no es novedad para nadie que me conozca a estas alturas. Me encanta el teatro. Es curioso, porque realmente ha sido una relación muy reciente. Siempre me había llamado la atención, y me hubiera gustado haber ido antes, pero en Palencia sólo hay un par de teatros y no tenía mucha variedad entre la que elegir. En Valladolid había más teatro, pero las entradas me resultaban caras y al final terminé quedándome con las ganas. No obstante, mi estancia en Valladolid fue clave para terminar donde estoy.

Lo he contado más de una y más de dos veces, pero empecé las clases de teatro casi por casualidad. No había ido un sólo día al teatro. Sin embargo, he hecho mucho rol desde el instituto. De mesa con regularidad, y en vivo cada vez que he tenido ocasión. Y en Valladolid, eso era una vez al mes. En ocasiones, incluso dos. Hice mucho rol en vivo allí. Lo disfrutaba un montón, y me decían que se me daba bien, así que quise llegar a más, y la conclusión parecía lógica: si quiero interpretar mejor, debería ir a clases de teatro.

Por motivos laborales y de falta de estabilidad, tardé más de lo que quise en poder apuntarme, pero finalmente al inicio de este curso pude, y ha sido increíble. La manera en que los jueves estaba con la energía por los suelos y las clases de teatro me recargaban las pilas por completo ha sido algo impresionante. Todo esto, sin haber ido al teatro desde mi infancia, por supuesto.

En noviembre del mismo 2025 fui al teatro por primera vez en mucho tiempo. ¿La obra? La casa de Bernarda Alba. Aquella actuación me cambió la química del cerebro. Hasta entonces, había percibido el teatro como algo similar al cine. Parecía lógico, porque hay actores. Pero entonces escuché a aquella mujer que interpretaba a Bernarda Alba. La presencia que imponía sólo con su voz. Cómo me retumbaba en todo el cuerpo. En la vida me había dado aquello ninguna película. No llegó a pasar un mes hasta que fui a la misma sala a ver Bodas de Sangre

Y así llegamos a enero de 2026. Mi primer debut. En un grupo de acción callejera comentaron que buscaban a un par de actores para una lectura dramatizada al finde siguiente. Por entonces, aún ni sabía que una lectura dramatizada era con el texto delante, y aunque con dudas, finalmente me apunté. Si no lo hubiera hecho, seguramente me hubiera arrepentido. Quedamos un par de días para ensayar y poner un poco de voz al texto, y así, un 25 de enero de 2026 debuté. Fue increíble. Muchísimo mejor de lo que pueda describir con palabras. Todo. El estar en los camerinos, el apoyo recibido por otras personas que ni conocías que también actuaban. Guardo con cariño tanto los nervios previos a salir como los aplausos de después. No puedo describir lo satisfactorios que son los aplausos. Cualquier palabra que pueda emplear se sentirá insuficiente para describir la manera en que te llenan el alma. 

Saltamos hacia el futuro un par de meses. En clase nos proponen si queremos que la muestra de teatro de fin de curso sea Lorca. Obvio que me parece bien. No es sólo que ese hombre escribiera como los ángeles, sino que encima su obra es clave en la pasión que siento por el teatro. Cómo no iba a querer debutar en una actuación sin Lorca... Bueno, pues porque no había caído en que esos textos iba a tener que memorizarlos.

Los siguientes meses fueron una sucesión de ir leyendo el texto para irnos familiarizando con la obra. De leer más de corrido, a poco a poco ir dándole voz, ir saliendo a escenario aunque tuviéramos el texto en mano, y poco a poco, actuar las escenas sin el texto delante. Generalmente, más de una vez por semana, especialmente cuanto más se acercaba la fecha. Eso sin contar cómo en el metro siempre llevaba el texto en el móvil e iba repitiendo mis escenas de cabeza, mirando el móvil cuando me perdía. Al principio parecía imposible, y más de una vez pensé que iba a ser imposible. Hasta que, finalmente, empezaron a salir los ensayos sin necesidad del texto. Qué satisfactorio fue ver el progreso, y ver cómo cada ensayo nos salía mejor que el anterior. 

Y finalmente llegó el gran día. 18 de junio de 2026. Ahora sí, iba a debutar en una actuación completa. Me pude escaquear del trabajo 15 minutillos antes, sólo para encontrarme con que el cercanías tenía una incidencia y me tocó dar un rodeo. Afortunadamente, me había escaqueado 15 mintuillos antes. Al llegar, mis compis ya estaban allí, y ayudé en lo que pude con los preparativos. Fue muy bonito ver cómo cada une llevaba los nervios de distinta manera, desde ver repasos de escenas donde había menos seguridad, a simplemente calentar el cuerpo. Yo sencillamente no sabía qué hacer, y cuando quedaba poco y estaba todo listo, empecé a prepararme para el comienzo de la obra. Aún así, no puedo describir la ilusión que me hizo escuchas voces conocidas escaleras arriba.

La función fue posiblemente lo menos destacable del conjunto a nivel emocional. Empecé con el corazón a mil por hora de los nervios. Una vez entré en personaje, los nervios súbitamente se pararon. Y sé que he dicho que es lo menos destacable, porque después de tanto ensayo, en realidad no fue tan distinto de un ensayo más. Pero fue, con diferencia, nuestro mejor ensayo. Recuerdo con una alegría cómplice esas líneas de diálogo con Mariu que sólo nosotres sabemos que hemos improvisado cada vez que las hemos recitado porque nunca fuimos capaces de aprenderlas. Recuerdo con orgullo cómo, a pesar de nunca haber ensayado en escena con Anabel, tuvimos una escena dinámica en la que nunca dejamos que se hundiera la balsa. Y recuerdo con ilusión ver aquella mirada de desafío en los ojos de Charo como no la había visto hasta entonces.

Y terminó la obra. Y llegaron los aplausos. Rebusqué rápidamente entre el público las caras conocidas que mis ojos miopes me permitieron reconocer. Ahí estaban. Antes he hablado de cómo los aplausos te alimentan. Y es cierto, pero quedaron en segundo plano al lado de ver sentades a mis amigues. 

Salimos con un poco de duda al centro, e hicimos algunas reverencias. No sé cómo se vieron desde fuera, pero las sentí súper torpes. No importaba. Aquel era nuestro momento. Siempre he tenido la duda de si les actores que vas a ver al teatro ensayan las reverencias. Hoy tengo un poco más claro que sí que las ensayan.

Después de aquello, salió Ana Pilar a hablar del buen grupo que éramos, y de cómo si nos había dado un texto de Lorca para debutar era por ese mismo motivo. Y, como siempre, tenía razón. Gracias por confiar en nosotres.

Supongo que por haber mucha gente, mis amigues salieron de les primeres de la sala a la calle. Aproveché para hablar un poco más con mis compis, y pasó algo que jamás hubiera esperado. Gente que no conocía de nada se acercó a felicitarme. Es algo que una semana después me sigue costando de procesar. Gente que no conocía de nada. Quizá en algún momento termine de asimilarlo y piense que fue lo normal, pero a día de hoy sigo sin terminar de creerme que aquello ocurriera de verdad. 

Terminé de recoger y de despedirme para salir y reunirme con mi gente... y me regalaron un ramo de flores. Es la primera vez en la vida que me regalan uno, y fue tan especial. Qué momento tan bonito. Fuimos a tomar algo para hablar más tranquilamente, porque en el ajetreado ritmo de vida que nos imponen esta época y esta ciudad, nunca hay suficiente tiempo para estar con quienes realmente queremos.

Finalmente, y para ir cerrando, me gustaría destacar otro par de momentos de la velada que se dieron una vez llegaron mis compis al mismo bar en el que estábamos, uno más relacionado con el teatro, y otro menos. 

El primero, fue una pregunta que sobrevoló el ambiente varias veces entre les debutantes. "¿Vais a seguir con el teatro el año que viene?" Genuinamente me sorprendió, y fue una señal de un punto de ensimismamiento en el que estaba. Porque yo daba por supuesto que sí. Quizá en otra dirección en lugar de repitiendo el mismo curso, pero si habíamos llegado hasta aquél punto... ¿cómo no? Pero aunque fue cierto que todes lo habíamos disfrutado un montón, la vida da de sí lo que da, y mientras que unes seguirán, otres comenzarán nuevos proyectos, y sólo puedo desearles suerte a todes tomen el rumbo que tomen.

La segunda, mucho menos relacionada con el teatro, no puedo no mencionarla pese a todo porque, sin duda, fue un momento que me quedó grabado a fuego. En un momento dado estaba hablando con Belén, y no me acuerdo cómo fue, pero miramos a les amigues que habían venido a verme, e hizo un comentario en plan: "Qué buena comunidad". Y sentí una mezcolanza de sensaciones difícil de definir, pero tan satisfactoria. Porque les miré, y con todo ese revoltijo de sentimiento, no pude pensar otra cosa que: "Es verdad". Porque si tuviera que pensar en una afición, casi diría que el teatro ha terminado desplazando a los videojuegos como la que más me gusta. Pero si tengo que pensar en lo que me hace más feliz en el mundo, es la gente que me rodea. Porque ninguna de las personas que vino las conocía hace un año, pero hoy lo son todo.

Gracias.



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