Correr más rápido que el reloj
Loco solitario es un nick extraño. Me llamó la atención desde aquella primera vez que lo leí en un foro de Warhammer de Orcos y Goblins hace más años de los que quiero reconocer. Y sin embargo, es una persona que aunque ya no pueda localizar, en mayor o menor medida, ha sido importante para mí.
Como al poco de llegar yo a aquel foro, comentó que se había abierto un blog para escribir. Lo abrí con cierto ápice de curiosidad, y me encontré con una auténtica proeza con el manejo de la pluma. Más de una vez le he oído a Isi cómo cree que puedes enamorarte de alguien a través de su arte. Si eso es cierto, aquel hombre fue mi caso. Incluso creo tener el recuerdo de hablar en su momento de él más de una vez como mi amor platónico. Fue también una inspiración. Porque quién sabe si no me hubiera abierto mi propio blog (uno que a día de hoy está como no indexado, porque le tengo demasiado cariño para borrarlo, pero me da demasiada vergüenza para que se pueda localizar) en el que escribí en mi época más prolífica de escribir ficción.
Pero volviendo a loco solitario, en su blog tenía una pestaña llamada citas. Nunca supe si escritas por él mismo, o si efectivamente estaban referenciadas desde fuentes que simplemente nunca llegué a localizar. Todas y cada una de ellas me parecían pequeñas perlas de sabiduría. Pero hay una que, tantísimos años después, sigo teniendo muy presente en mi día a día. Decía así:
Tal vez mi mayor problema es que he estado esforzándome en tratar de ser alguien que no soy y en seguir los ritmos que se imponen los demás.
Y aunque reconozco que la primera mitad de la frase, afortunadamente no me atañe... siempre consideré la segunda me apelaba a mí directamente.
Mis últimos siete años han sido convulsos. Corté una relación que podría haber sido para toda la vida porque sentí que estaba en ella por inercia y que necesitaba algo más, y tras unos meses de bastante inestabilidad sentimental, terminó también la relación con dos de mis mejores amigues. Esto a su vez desencadenó en que me terminara alejando de mi grupo de amigues de toda la vida, y aunque con algunes la mayoría siga teniendo relación, ya no es el mismo grado de cercanía.
Sintiéndome apátrida en mi propia tierra, este desajuste emocional terminó haciendo que cuando me apareció la oportunidad de seguir trabajando en Valladolid, e ir y volver desde Palencia, o mudarme a Madrid... la segunda cobrase más peso porque necesitaba un reinicio. Salió fatal, y si bien los últimos siete años han sido un caos, 2023 es del que peor recuerdo guardo con diferencia. Un trabajo que sentía que no era para mí, una ciudad en la que tras ocho meses seguía igual o peor que el primer día, y un conato de relación que me dejó la autoestima más baja de lo que por defecto la he tenido, terminaron haciendo que necesitara refugiarme en casa de mis padres por un tiempo, para mudarme a Valladolid a la que fue posible por las complicaciones de vivir en Palencia.
El resto, como se dice, es historia. Hoy estoy de nuevo en Madrid. Esta vez con gente a la que quiero y que me quiere. Este trabajo es el primero en cinco trabajos en el que llevo más de un año, y aunque si algo he aprendido de tanto cambio, es que me funciona mejor no planificar mi vida y dejarme llevar, reconozco que podría verme echando raíces aquí.
Pero ese no es el motivo por el que he empezado a escribir este texto.
Uno de los motivos por los que abrí este blog fue el de forzarme a volver a escribir. Y algo que quería escribir era poesía. Porque es muy bonito cuando lees poesía y una frase se te queda grabada. Y mi cabeza no paraba de pensar en frases que podrían quedar bien en un poema. Qué mal salió.
Correr más rápido que el reloj era el nombre de un poema con el que me obsesioné por mucho tiempo en escribir y del que nunca logré terminar una estrofa. En dicho poema, quería describir algo que ya por entonces llevaba tiempo rumiando. Porque trataba de imponerme los ritmos que el resto se imponen a sí mismes... pero al mismo tiempo, los últimos años se habían sentido desperdiciados. Uno detrás de otro. ¿Cómo iba a hacer nuevas amistades si cuanto más te alejas de la juventud hay cada vez menos espacios en los que conocer a gente? ¿Cómo iba a encontrar un trabajo que me permitiese vivir en condiciones con los requisitos de experiencia, si no duraba un año en el mismo trabajo? ¿Cómo iba a encontrar pareja, si todo el mundo está "casade y con hijes"? A cada nuevo cambio, a cada nuevo reinicio de mi vida, sentía cómo cada vez la mecha de la vela estaba más y más cerca de la base. Cómo cada vez tenía menos oportunidades, y que esta sí, esta de verdad que tenía que salir bien. Y cada vez tenía que ser más rápido. Porque ya no sólo tenía que ir al ritmo de los demás. Es que tenía que ir más rápido para poder ponerme a su altura.
En el cuarto episodio de la segunda temporada de Bojack Horseman, después de una conversación incómoda sobre sus dudas por si están yendo demasiado, Wanda, la pareja a la que Bojack está conociendo, le cuenta un chiste sobre cómo un granjero siempre sabe la necesidad exacta de abono que necesita, hasta que una vez comete un error, y le sobra un saco de abono, que termina lanzando por la autovía. Wanda se parte de risa. Bojack no entiende nada. Al final del capítulo, Wanda le cuenta otro chiste sobre un hombre que temiendo encontrarse con el ex de su pareja, un día que deja el coche desbloqueado, ve algo sospechoso en el retrovisor al volver a subir. Es el saco de abono. Bojack le dice que ese es un buen chiste, y Wanda responde que algunas cosas llevan tiempo.
Pienso mucho en esa escena. No por la versión del chiste del chocobollo que no esperaba encontrarme en esa serie, sino por la lectura que le da. Algunas cosas llevan tiempo. Y entender esto ha sido algo que me ha costado mucha desesperación. A cada nueva mudanza que no salía como esperaba. A cada nuevo grupo de amigues en el que intentaba entrar sólo para ver que daba igual cuánto me acercase, seguía sintiéndome alguien accesorio, que está ahí y es agradable que esté, pero no si no está tampoco pasa nada... la angustia era peor. Porque sentía el tiempo escaparse. Porque cada vez estaba más lejos, e iba a ser más difícil.
Pero ahora lo estoy viendo. Esos tiempos sólo estaban en mi cabeza. Podría elucubrar sobre mil razones distintas por las que distintas relaciones no cuajaron, pero hoy sé que llegar tarde no fue una de ellas. Y también sé que no hay atajos ni fórmulas mágicas. Simplemente, algunas cosas llevan su tiempo, y no tiene sentido tratar de correr más rápido que el reloj.
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