El dolor como motor

 [Este texto contiene spoilers sobre Clair Obscur: Expedition 33 y sobre Hamnet]

Febrero de 2026. Van dos meses de aquella retrospectiva de 2025 que escribí inspirado por Hugo. No he escrito nada desde entonces. En parte, porque no tengo tiempo casi ni para respirar. Pero también en parte, porque me falta el impulso para ello. Según he abierto mi perfil de blogspot para redactar este texto, me he encontrado con el título de un borrador que nunca terminé, y que probablemente, nunca lo haga. Correr más rápido que el reloj. Es un borrador de julio de un poema que me gustaría haber escrito en base a cómo pensé que estaba relacionándome con mi nueva realidad en Madrid, y al mismo tiempo, un mantra que me repetía para intentar que no me comiese la ansiedad. "Está bien. Estás intentando correr más rápido que el reloj, y algunas cosas llevan su tiempo. Ten paciencia." Y aunque no llegué a terminar nunca aquel poema (lo de mi perfeccionismo y querer hacer un poema con métrica estricta sin haber escrito nunca poesía lo dejamos para otro día), el motivo para escribirlo estaba claro: necesitaba expresar ese dolor que me estaba consumiendo por entonces.

El otro día fui a ver Hamnet al cine con una amiga. La peli en general me gustó. Me parece que establece sus pilares con solidez y que, poco a poco, va construyendo todo en una buena dirección. Y entonces llega ese final. Detesté cómo termina. De repente, todo se siente como que ese dolor ha sido prostituido, porque Hamlet, ese pináculo de la literatura occidental, requirió de ese dolor para ver la luz. Y por ende, todo el dolor de una madre por perder a su hijo está justificado. Porque el arte lo vale. Lo comenté con mi amiga (actriz, directora y escritora) al salir, y me dijo que no lo había visto tan mal. Porque ella misma también utiliza su dolor para escribir y, al mismo tiempo, como vía de escape. 

Hay muchas cosas que no recuerdo del instituto (qué lejanos quedan ya aquellos tiempos), pero sí tengo recuerdos muy grabados a fuego. Recuerdo que escribía un montón (incluso llegué a ganar algún certamen). Recuerdo también en la clase de educación para la ciudadanía, donde nuestro profesor era filósofo (o, haciendo justicia a como le gustaba definirse, licenciado en filosofía) hablaba de muchos temas, y pocas veces del contenido de la asignatura. Y una de los temas de las que hablaba era sobre cómo no hay que usar el arte de manera escapista. El arte hay que pensarlo. Hoy en día le contestaría un par de cosas, pero en su día aquello me pareció súper coherente. Por supuesto que el arte tendría que tener más impacto que simplemente ser una vía de escape. Aunque siempre pensé en aquello de cara a disfrutarlo, nunca de cara a crearlo.

Llevo jugando rol desde los 14-16 años (no me acuerdo con exactitud) de manera más o menos regular, con muchas intermitencias. Generalmente ha sido más rol de mesa, aunque debo decir que conecto más con el personaje al hacer rol en vivo. Y aún así, nunca he llegado a sentir bleed jugando vivos, y sólo un par de ocasiones jugando en mesa. Para quien no conozca el término, el bleed es ese momento de conexión tan profunda con tu personaje, que eres incapaz de separarte en el momento de dejar de rolear y sigues sintiendo lo que siente. Y sin embargo, no hace mucho, a los dos o tres meses de empezar a ir a clases de teatro, salí de una clase con bleed. El ejercicio fue aparentemente sencillo. Separados por parejas, teníamos que pronunciar una frase, y la otra persona asentía o negaba con la cabeza en función de si creía que decíamos nuestra frase con convencimiento. Las palabras en cuestión eran: "Quiero que me quieras. Necesito que me quieras." No se dio bien. Mi compañero negaba casi todas mis interpretaciones. Hasta que empecé a decirlo pensando en una amiga muy querida con la que se cortó la amistad en verano. Todo fueron afirmaciones, pero el dolor y el sangrado que dejaron no merecieron la pena.

Clair Obscur: Expedition 33 trata muchos aspectos, pero uno de ellos es el duelo, y cómo aferrarnos al arte precisamente para evitar afrontar ese duelo. Igual que decía mi profesor. Igual que quería hacer con aquel poema, y que hice con tantos otros relatos. Igual que probablemente mucha gente haga de manera más o menos inconsciente cuando crea arte. Porque el arte mal llevado puede hacernos más daño que beneficio. Y si bien es cierto que muchas veces sirve como puerta para expresar emociones complejas de expresar, creo que hay que ser muy consciente de lo que haces al utilizar el dolor como motor para crear. Porque el riesgo de sangrar está ahí, y puede llegarse a pasar muy mal.

En lo personal, estoy viviendo una época muy buena en mi vida, y sólo parece mejorar mes a mes. No obstante, me gustaría, aunque sea en poca medida, volver a escribir. Así que aunque aprenda a controlar el sangrado, desde luego que voy a necesitar otro motor para escribir.

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